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La risa que suena en el aire

Señoras y señoras, en este rincón, con pantaloncillos naranjas violentísimos, el atardecer.

El luchador que aspira a ser el nuevo rey, va a querer robarse las miradas de los conductores, de los acompañantes, también la de los chicos que van atrás en un auto cualquiera, de los camioneros que tienen cientos de Argentinas recorridas de pe a pa, hasta de los que vuelven de la gran ciudad a su casa en las afueras. Se intentará robar, por supuesto, esos fugaces segundos de desatención que los viajeros pueden llegar a tener.

Siempre estuvo cerca

Nos embarcamos. Todas las puertas se cierran al mismo tiempo. Hago girar la llave. El motor aparece, ruge como un león a punto de atacar, las luces iluminan el portón, otra vez el león y todos largamos un grito casi de guerra.

La luz que llevamos en el camino

El equipo forma así:
En el arco, aguantando los trapos, cuidando a la combi para que nada le pase, concentrado en cada detalle, cada tuerca, o ruido extraño, custodiando cada centímetro de carrocería alemana: Juanjo (unos sesentas, un poco pelado-ojalá no lea esto o me liquida-, panza simpática –listo, me liquida-). Además de ser nuestro amigo, humorista, todólogo, guía turístico, cocinero, casi un padre podríamos decir, nuestros oídos, es nuestro mecánico. Un mecánico talentosísimo, que detiene cualquier problema, cualquier ataque en contra que podríamos llegar a tener.

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